Literatura Clásica Española
 

Consejos para fomentar la lectura de los clásicos

Consejos para iniciar la lectura de los clásicos

     

¿Por qué leer a los clásicos?

 
Consideremos indispensable que todo libro nos provoque extrañeza y emoción. Se apunta de nuevo: extrañeza y emoción. El orden es irrelevante; cualquiera de las citadas provocaciones puede adelantarse a la otra. Según aquella indispensable condición, los clásicos son los libros que más intensas y numerosas extrañezas y emociones nos ofrecen. Aparece así la primera razón para leerlos.

Que la extrañeza y la emoción sean duraderas nos orienta sobre la segunda razón para leer literatura clásica. El valor del libro ha de permanecer una vez se concluye. Si cabe, nunca debe cesar. Tratándose de una obra clásica, el lector no la olvida pues no lo consienten aquella extrañeza y aquella emoción que en su día nos provocaron. De todos la literatura, los clásicos se aseguran, he aquí la segunda razón para leerlos, la más larga pervivencia en los lectores. Puede invertirse la conclusión: el lector pervive más duraderamente en los clásicos, habita en ellos antes que en ningún otro género de literatura. Esta inversión nos lleva a la tercera razón.

Ningún lector que desee conocerse logrará cumplirlo fuera de un texto clásico. La exageración se justifica de inmediato: los clásicos nos enseñan aquello que no sabemos que conocemos. Recuperan así nuestra propia memoria, tienden un reflejo verídico de nuestra existencia y su posibilidad. Descubrimos que nos conocemos cuando leemos a los clásicos. Esta tercera razón se fragmenta en dos variaciones. Primera: si prescindimos de los clásicos nos ignoramos sin remedio. Segunda: todo lo que nos aguarda en la vida se nos anticipa en la literatura clásica.

Si hay entre los lectores alguno que desee añadir una cuarta o posterior razón, se le consiente. Pinchando el signo tipográfico se cede el preciso formulario.
 
 
 
Lista de clásicos

Guzmán de Alfarache
El burlador de Sevilla
El perro del hortelano
Lazarillo de Tormes
El buscón don Pablos
El Criticón
La dama duende
El licenciado Vidriera
La Celestina
Rinconete y Cortadillo
El Caballero de Olmedo
El Diablo Cojuelo
La vida es sueño
Marcos de Obregón

 

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